Antecedentes.

 

Que el grupo del santo Amor de san Juan en la Soledad de la Virgen, ha sido, desde su origen, un grupo polémico, no se le escapa a nadie. Polémica, y desacertada, fue la intención inicial de sustituir con este grupo escultórico a la imagen solitaria del evangelista en la procesión del santo entierro. Esto, sin duda fue un planteamiento erróneo pero que trajo consigo la feliz consecuencia de poder contar con este excepcional grupo escultórico de José Capuz . Junto al desplazamiento de la imagen tradicional de vestir, la novedad de su lenguaje estético y la complejidad de su mensaje como obra de arte religioso fueron otros motivos no menos determinantes para la difícil aceptación del Santo Amor. A esta incomprensión contribuyó también su inadecuada presentación en la procesión, sobre un trono inacabado que no contribuía a la adecuada lectura de la obra. Desde entonces esta situación se ha agravado al presentarlo fuera de su contexto original tras su desplazamiento del cortejo del Santo Entierro, para el que fue concebido, a la nueva procesión del Sábado Santo.

 

En diferentes ocasiones se ha abordado la idea de un nuevo trono pensando ex profeso para este grupo, pero sucesivamente se han ido adoptando medias soluciones para ir saliendo del paso, llegando a contar actualmente con un trono muy digno, elegante, incluso solemne, aunque, bien es verdad, con el mismo carácter de provisionalidad. El mal estado de conservación del trono y el carácter poco excepcional de sus tallas aplicadas llevaron a la Junta Directiva a tomar la decisión de elaborar un proyecto de nuevo trono que, de una vez definitiva, fuese algo singular, pensado para este grupo desde un principio; un trono que realzase la concepción escultórica de Capuz y facilitase su comprensión.

 

Inquietudes.

 

Con éstos planteamientos, y teniendo en cuenta el carácter predominantemente frontal de este grupo escultórico, se ha pensado un trono que presente un ligero desnivel, progresivamente ascendente hacia el fondo, donde se situaría el grupo, dejando un importante espacio vacío delante de las imágenes. Esta disposición inclinada de la parte superior permite una mejor visibilidad del grupo escultórico y favorece su visión frontal. Por otro lado, la presencia de un espacio vacío ante las esculturas favorece la comprensión del grupo escultórico, de esas tres imágenes que contemplan  la desolación de Cristo muerto; se introduce en el trono el vacío que deja la muerte; pero dejando claro que no es una soledad desesperanzada, sino que cada personaje refleja una actitud diferente ante el hecho de la muerte de Cristo y, en conjunto, el grupo se convierte en la obra más espiritual de Capuz, una reafirmación en la esperanza de la resurrección.

 

Aclarados estos aspectos compositivos del nuevo trono quedaba por definir el lenguaje estético con que plasmarlos. Parecía claro que un grupo con un lenguaje tan contemporáneo como el Santo Amor pedía un trono que se apartase de los manidos modelos barrocos. Por otra parte, la talla  del nuevo trono no debía eclipsar  el grupo escultórico de austera policromía y somera talla. A ser posible, el lenguaje del nuevo trono debería estar en consonancia con el lenguaje de las esculturas de Capuz.

  NUEVO TRONO PARA EL SANTO AMOR DE SAN JUAN.

“A esta incomprensión contribuyó también su inadecuada presentación en la procesión, sobre un trono inacabado que no contribuía a la adecuada lectura de la obra”

“llegando a contar actualmente con un trono muy digno, elegante, incluso solemne, aunque, bien es verdad, con el mismo carácter de provisionalidad”

“la presencia de un espacio vacío ante las esculturas favorece la comprensión del grupo escultórico, de esas tres imágenes que contemplan la desolación de Cristo muerto”

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